martes, 7 de febrero de 2012

3.3 DESCRIPCIÓN DE EJEMPLOS Y RECURSOS TECNOLÓGICOS

1.- INTRODUCCIÓN

En la actualidad la tecnología aplicada al campo de los ciegos y deficientes visuales, ha abierto grandes expectativas a todos los niveles tanto de la vida cotidiana, la educación, la rehabilitación y la actividad profesional. En el colectivo de los ciegos este desarrollo tecnológico, ofrece importantes posibilidades de adaptación y, en consecuencia, de integración.
Posiblemente una de las deficiencias en la que nos podamos encontrar más material, elaborado o adaptado, sea en la visual, debido entre otros motivos, a la fuerte implantación de la ONCE en nuestro país. Al mismo tiempo, es de señalar que ha sido esta deficiencia donde más se ha desarrollado la implantación de la tecnología informática y las nuevas tecnologías de la información

2.-DEFINICIÓN

El conjunto de técnicas, conocimientos y recursos encaminados a procurar a los ciegos y deficientes visuales los medios oportunos para la correcta utilización de la tecnología con el fin de favorecer su autonomía personal y plena integración social, laboral y educativa, se conoce como Tiflotecnología.

Como material Tiflotécnico se entiende todo material específico para ciegos y deficientes visuales, desde los materiales más sencillos y de fácil manejo (bajo nivel de especialización), hasta los materiales que por su especial complejidad requieren de un entrenamiento previo para su correcto manejo (alto nivel de especialización).

Los niños con discapacidad visual se pueden beneficiar a edades muy tempranas de la tecnología. Existen tanto herramientas adecuadas a su edad como algunos programas adaptados a su discapacidad visual

3.-RESPUESTAS A ALGUNAS PREGUNTAS

-¿Por qué empezar con la tecnología?

En el caso de los niños con discapacidad visual, además del entusiasmo se añade la sensación de «capacidad» que les ofrece. Ya en un artículo del año 2000 sobre El valor de la tecnología en atención temprana, su autora, Linda Heiland, hacía referencia a los beneficios que la tecnología tiene no solo para el pequeño, sino para su familia y para su incorporación a la escuela: «La introducción de la tecnología en los programas de atención temprana de forma consistente y sostenida ayudará a que los niños con retraso en el desarrollo se “pongan al día” con sus compañeros sin discapacidad. Esto además, eliminará la necesidad de servicios adicionales para estos niños a medida que crezcan y progresen a lo largo de la estructura escolar tradicional […] ofrecen el beneficio adicional de mejorar las actitudes de los padres y hermanos hacia esos niños. El apoyo, la guía y la disponibilidad de la información que se necesita ayuda a aliviar algo del estrés, frustraciones e impotencia que los padres y hermanos a menudo experimentan con el nacimiento de un niño ciego. Y […] ayudará a aliviar algunas de las presiones que tienen en un sistema educativo que ya está sobrecargado» (Heiland, 2000).

En cuanto al aprendizaje, una vez que el niño inicia la etapa de Educación Infantil, facilita la estimulación sensorial, ayuda al aprendizaje de lectoescritura, a la comunicación y al desarrollo del lenguaje (Barragán y Ruiz, 2001), mejora la comunicación y la socialización con los compañeros y, muy especialmente, mejora la autoestima

¿A qué edad empezar?

A la hora de plantearnos cuándo empezar con la tecnología no debemos pensar exclusivamente en el manejo del ordenador como lo usamos los adultos.

Pensemos en el teléfono de juguete con botones que producen efecto de que lo usa el bebé, o en el reproductor de CD, en el que pulsa un botón para escuchar su canción favorita. En ese momento, el niño ya está empezando a usar la tecnología.

La edad a la que se puede introducir variará en función de cada caso, aunque, desde muy pronto, se podría empezar a jugar con sonidos que salgan del ordenador, a hacer juegos de giros en la manta de baile o a buscar estímulos en una proyección.

Es el profesional el que ha de valorar, los aspectos esenciales para poder iniciarle en la tecnología. Entre otras:
o    La facilidad que tenga para aceptar nuevas experiencias.
o    La motivación ante el aprendizaje.
o    Su grado de discapacidad visual.
o    Otras posibles deficiencias o alteraciones que presente.
o    La posibilidad de mantenerse sereno en el juego.
o    Características y circunstancias personales del niño.
o    Estilo de aprendizaje.

En cualquier caso, una vez que los pequeños inician la etapa de Educación Infantil, deberán familiarizarse poco a poco con distintas herramientas tecnológicas y, concretamente, con el ordenador, ya que es una herramienta habitualmente presente en las aulas del segundo ciclo de esta etapa, y que les será útil a lo largo de su vida, y no solo académicamente, sino para el resto de las facetas personales, sociales y laborales. Y es más, deben acceder incluso antes que sus compañeros videntes, ya que ellos deberán aprender a manejarlo utilizando herramientas de apoyo y estrategias que los que ven no precisan.

¿Cómo empezar?

Por su edad, los niños de atención temprana necesitan vincularse al ordenador desde lo afectivo: es necesario que se entretengan, que se diviertan y aprendan jugando. Lo importante en esta etapa no será el aprendizaje de su manejo, aunque eso vendrá por añadidura, sino que se interesen por él, que descubran algunas de sus posibilidades que, en definitiva, despierten el deseo y el gusto por usarlo.

Los inicios en el manejo del ordenador han de ser necesariamente divertidos y sencillos. De no serlo, podrán rechazarlo, y eso es algo que no se pueden permitir al ser una herramienta que va a estar tan presente en sus vidas y de la que van a depender para muchas tareas futuras. La tecnología no es una asignatura optativa que el alumno pueda manejar hoy y dejar mañana. Es un nuevo lenguaje, una nueva forma de percibir, procesar, entender y manejar la información, y de relacionarse con el mundo.

La creatividad del adulto y el interés y la motivación que las actividades vayan despertando en el niño serán las que nos vayan guiando en el proceso de introducción a la tecnología: jugar en la manta de baile, escuchar cuentos o canciones a través de Internet o dar a un pulsador para que se produzca un efecto sonoro o visual, son todas actividades adecuadas para los más pequeños.

¿Qué pueden hacer los pequeños?

Los avances tecnológicos permiten que, cada vez más, tengamos a nuestro alcance herramientas tecnológicas con las que crear o adaptar juegos y actividades completamente accesibles para los pequeños que carecen de visión.

Los niños con ceguera total podrán, desde muy pequeños, realizar actividades motrices en la manta de baile: giros con respuesta sonora, búsqueda de objetos, orientación espacial… Pueden hablar a través de una cámara web conectada al ordenador con familiares que no se encuentren presentes, enseñarles sus juguetes favoritos y cantar canciones con ellos. Podrán realizar con el ordenador actividades de discriminación y memoria auditiva, de coordinación bimanual, reconocimiento y exploración en el plano, discriminación, asociación y memoria táctil, aprendizaje y refuerzo del braille, etc.

Para que dicha tecnología cubra sus necesidades de aprendizaje, es necesario:
-    Dar coherencia a los estímulos que aparezcan.
-    Ayudarles a entender el principio de causalidad con respecto a los fenómenos que se den en la herramienta que manejen.
-    Buscar actividades simples cuya ejecución suponga un reto asequible.
-    Explicarles los conceptos espaciales trasladados al espacio bidimensional.
-    Explicarles los conceptos manejados en la tecnología y que no tienen que ver con la realidad del niño. Por ejemplo, «pinchar» es un verbo que se usa en el ordenador para indicar que con el ratón se selecciona algo; sin embargo, en la realidad, y esta es la experiencia que tendrá el pequeño, pinchar significa atravesar algo.
-    Adecuar la salida y la entrada de información a su sistema perceptivo. No basta solo con adaptar los programas con audio. El niño ciego tiene que tocar y aprender mediante el tacto.
-    Favorecer el aprendizaje progresivo, con el adulto como mediador.
-    Darle un mayor tiempo para la resolución de las tareas.
-    Ofrecerle la información y la ayuda precisa en cada momento, dejándole espacios para la investigación.
-    Ofrecerle seguridad en sus posibilidades.
-    Ayudarle a mantener la atención en la tarea.

Además, hemos de tener en cuenta algunos rasgos diferenciales entre la percepción visual y la táctil que tendrán diferentes consecuencias en la forma de presentar el material cuando trabaje con una herramienta que le facilite el tacto:
-    La visión se produce de forma involuntaria, mientras que el tacto requiere de la voluntad del sujeto para utilizarlo. No debemos forzar al niño a explorar, sino favorecer su motivación para hacerlo. Así, los materiales tienen que ser muy atractivos, agradables al tacto y sencillos de manipular o explorar.
-    No todo lo perceptible a la vista tiene que ser trasladado al tacto. Es necesario simplificar al máximo las imágenes, iconos o símbolos para el niño sin visión.
-    Las representaciones visuales son meros códigos arbitrarios consensuados por las personas que ven, pero sin ningún significado para las personas sin visión. Por ejemplo, una casa dibujada, para un niño ciego no es más que un cuadrado unido a un triángulo, con otros cuadrados o rectángulos dentro. Por tanto, en el caso de usar símbolos e imágenes, estas tienen que ser muy sencillas, fáciles de descifrar, y su comprensión no debe nunca suponer un obstáculo para la realización de la tarea.

Los niños con baja visión tienen más recursos a su alcance para manejar la tecnología, sin embargo, es necesaria una valoración individual de cada uno para saber las posibilidades que les ofrecen las herramientas y las dificultades que pueden tener con las mismas, ya que cada niño usará la visión de forma distinta según su patología y otras condiciones personales.

-Los niños con deficiencias visuales requieren un mayor esfuerzo que los videntes para iniciarse en el uso de la tecnología, aunque, una vez que la conocen, su utilización les abre puertas impensables y el aprendizaje no les resulta excesivamente complicado. Por ello, debemos buscar formas de simplificar el manejo de los programas y de hacerlos más atractivos al oído y, en su caso, al tacto.
-El ritmo de aprendizaje y de ejecución de tareas suele ser más lento que en la mayoría de los niños videntes. Lo que para el niño vidente es mero aprendizaje intuitivo para el niño con deficiencia visual o ceguera supone un aprendizaje programado. Por eso es tan importante iniciarle pronto, para que cuando tenga que «manejar la tecnología para el aprendizaje, no tenga primero que aprender a manejar la tecnología».

¿Qué herramientas van a usar?

Se requiere una valoración individualizada de cada caso con el fin de establecer la adecuación de cada herramienta a su situación particular. En esta valoración habrá de tenerse en cuenta la edad del alumno, el grado de visión, los dispositivos que se manejen en su entorno y el conocimiento previo que tenga de otras herramientas y programas.

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